Vida de una Santa

Chiara d´Assisi (italiano), Clara de Asís en español, es el nombre con el cual se conoce en el medio eclesial a Chiara Scifi Eiumi, hija de Favorino Scifi y Ortolana Eiumi, nacida el 16 de julio de 1193 en la población de Asís (Italia). Su nombre significa "vida transparente" tal como quiso llevar su vida desde su infancia.  Su padre era conde de Sasso-Rosss, representante acaudalado de una antigua familia romana de quien había heredado y le pertenecían un gran palacio en Asís y un castillo en las faldas del monte Subasio. Eso es al menos lo que cuenta la tradición. Su madre, Ortolana, descendiente de  los Fiumi, una familia noble y feudal, era una mujer muy cristiana y se destacaba por su ardiente piedad y celo por el Señor.

 

Desde muy niña se observó en Clara innumerables virtudes, siendo asidua a la oración y la mortificación, mostrando un desagrado por las cosas del mundo, en cambio un amor y gran deseo por crecer día a día en su vida espiritual.

FOTO: Santa Clara de Asís, protagonizada por la actriz inglesa Judi Bowker (1972) en el filme de Franco Zeffirelli "Brother Sun, Sister Moon" (hermano Sol, hermana Luna).
FOTO: Santa Clara de Asís, protagonizada por la actriz inglesa Judi Bowker (1972) en el filme de Franco Zeffirelli "Brother Sun, Sister Moon" (hermano Sol, hermana Luna).

Ya en su adolescencia, se convirtió en la más gallarda y hermosa joven de Asís y por ello tuvo muchos pretendientes. Cuando cumplió los dieciséis años, sus padres la prometieron en matrimonio a un joven de la nobleza, pero ella se resistió a tal compromiso respondiendo que se había consagrado a Dios y que había decidido jamás conocer a hombre alguno.

 

A Clara le llamaba mucho la atención la ideología y religiosidad de los seguidores de Francisco, un joven fraile que había creado un grupo a quienes llamaban los "Hermanos Menores", sentía gran compasión y amor por ellos, aunque se le tenía prohibido por su familia verles y hablarles. De todos modos cuidaba de ellos, y los proveía enviándoles alimentos con una de las criadas, porque sentía gran admiración como los frailes gastaban su tiempo y sus energías cuidando a los leprosos y se sentía unida a ellos de corazón en su visión y en su misión.

Francisco de Asís, fraile que fue el inspirador de la vida religiosa de Clara, para quien los seres de la Creación eran considerados sus hermanos.
Francisco de Asís, fraile que fue el inspirador de la vida religiosa de Clara, para quien los seres de la Creación eran considerados sus hermanos.

A los 18 años de edad, y en la Cuaresma de 1212, Clara tuvo la oportunidad de escuchar un sermón dado por el fraile Francisco en la catedral de Asís en el que decía que "para tener plena libertad para seguir a Jesucristo hay que librarse de las riquezas y bienes materiales". calaron en su mente fragmentos del sermón de francisco como "este es el tiempo favorable... es el momento... ha llegado el tiempo de dirigirme hacia el que me habla al corazón desde hace tiempo... es el tiempo de optar, de escoger..." sintió una gran confirmación de todo lo que venía experimentando en su interior desde niña. Meditó en aquellas palabras durante todo ese día y tomó esa misma noche la decisión de comunicárselo a Francisco y de no dejar que ningún obstáculo la detuviera en dar respuesta al llamado del Señor

 

Comprendió que la amargura, el odio, la enemistad y la codicia que movía a los hombres para irse a la guerra es como la lanza afilada que un día traspasó el corazón de nuestro divino Maestro. No quiso tener nada que ver con todo esto, no quiso a otro Señor más que el que dio la vida por todos, aquel que se entrega cada día y pobremente en la Eucaristía para alimentar nuestro espíritu; el que en la oscuridad es la Luz y que todo lo cambia y todo lo puede, aquel que es puro amor.

 

Clara sabía que la determinación de seguir a Cristo y sobre todo de entregar su vida a la visión reveladora de Francisco iba a ser causa de gran oposición familiar, pues el solo hecho de la presencia en Asís de los "Hermanos Menores" estaba ya cuestionando la tradicional forma de vida y las costumbres que mantenían intocables los estratos sociales y sus privilegios. A los pobres les daba una esperanza de encontrar su dignidad, mientras que los ricos comprendían que el Evangelio bien vivido exponía por contrate sus egoísmos a la luz del día. Para Clara el reto era muy grande. Siendo la primera mujer en seguirle, su vinculación con Francisco podía ser mal entendida.

 

El Domingo de Ramos (18 de marzo de 1212), de esa Cuaresma en que escuchó el convincente sermón de Francisco, Clara se fugó de su casa, empezando así la gran aventura de su vocación.  Llega a la humilde Capilla de la Porciúncula donde le esperaban Francisco y los demás "Hermanos Menores".  Una vez allí, se da la ceremonia de entrega.  De rodillas ante el fraile, Clara hizo la promesa de renunciar a las riquezas y comodidades del mundo para dedicarse a una vida de oración, pobreza y penitencia. Francisco, como primer paso, tomó unas tijeras y le cortó su larga y hermosa cabellera y le colocó en la cabeza un sencillo manto, tomando así los hábitos de manos del santo Francisco. Inmediatamente fue confiada por este al monasterio de las monjas benedictinas de san Pablo de la Abadesas. Allí tuvo que vencer la enconada oposición de sus parientes, ya que su padre, al darse cuenta de su fuga, salió furioso en su búsqueda con la determinación de llevarla de vuelta al palacio; pero la firme convicción de Clara le obligan finalmente a dejarla.  Quince días después, Francisco le procuró un asilo más seguro en el convento de Sant´Angelo en Panzo, en las estribaciones del monte Subasio, donde fue a unírsele su hermana Inés quien así mismo se había fugado clandestinamente de su casa.  Fue Inés una de las mayores colaboradoras en la expansión de la Orden de las Clarisas. También se fugó y le siguió su prima Pacífica.

Basílica de San Francisco de Asís en Asís (Italia) en cuyo interior se encuentra la pequeña capilla la Porciúncula, que el santo reconstruyó y vivió, y a donde Clara acudió el 18 de marzo de 1212 (domingo de Ramos) para unirse a la causa franciscana.
Basílica de San Francisco de Asís en Asís (Italia) en cuyo interior se encuentra la pequeña capilla la Porciúncula, que el santo reconstruyó y vivió, y a donde Clara acudió el 18 de marzo de 1212 (domingo de Ramos) para unirse a la causa franciscana.

 

Posteriormente, el santo Francisco restauró el pequeño templo de San Damián y junto a este adaptó una vivienda sencilla con ideal de pobreza la cual dispuso para Clara y sus seguidoras (tres en total). En esta vivienda se instaló el pequeño grupo denominado "Damas Pobres" que, en lo posible, imitarían a los hermanos franciscanos. Francisco pone a Clara al frente del grupo; al principio le costó aceptarlo pues, por su humildad, deseaba ser la última y ser servidora esclava de las esclavas del Señor; pero acepta y con verdadero amor asume la carga que se le indica, entendiendo que es el medio de renunciar a su libertad y ser verdaderamente esclava.  Así, se convierte en la madre amorosa de sus hijas espirituales, siendo fiel custodia y prodigiosa sanadora de las enfermas. Desde que fue nombrada Madre de la Orden quiso ser ejemplo vivo de la visión que transmitía pidiendo siempre a sus hijas que todo lo que el Señor había revelado para la orden se viviera en plenitud.

 

Por el testimonio de las mismas hermanas que convivieron con ella se sabe que muchas veces, cuando hacía mucho frío, se levantaba a abrigar a sus hijas y a las que eran más delicadas les cedía su manta.  A pesar de ello, Clara lloraba por sentir que no mortificaba lo suficiente su cuerpo.  Cuando hacía falta pan para sus hijas, ayunaba sonriente y si el sayal de algunas de las hermanas lucía más viejo ella lo cambiaba dándole el suyo, siendo su vida una completa dádiva de amor.  Lo que mandaba a hacer a sus hijas lo cumplía ella misma con toda perfección; se exigía más de lo que le pedía a sus hermanas. Hacía los trabajos más duros y daba amor y protección; buscaba como lavarles los pies a las que llegaban cansadas de mendigar el sustento diario.  Lavaba a las enfermas y no había trabajo que ella despreciara pues todo lo hacía con sumo amor y suprema humildad.  En una ocasión, después de lavarle los pies a una de las hermanas, quiso besarlos. La hermana, sorprendida de aquel acto de su fundadora, retiró el pie con fuerza y accidentalmente golpeó a Clara en su rostro, produciéndole un moretón y sangrado en su nariz; pese al incidente, volvió a tomar con ternura el pie y lo besó.

 

Rechazó toda posesión y renta, y su mayor anhelo era alcanzar de los Papas el privilegio de la pobreza, que por fin le fue otorgado por el Papa Inocencio III.  Quiso que sus conventos no tuvieran riquezas ni rentas de ninguna clase, siguiendo las enseñanzas y ejemplos de su maestro Francisco. Muchas veces le ofrecieron bienes para el aseguramiento futuro de su congregación, pero en ningún caso los aceptó.  Una vez el Santo Padre le ofrecía unas rentas para el sostenimiento del convento, a lo que en respuesta le dice: "Santo padre, le suplico que me absuelva y me libere de todos mis pecados, pero no me absuelva ni me libere de la obligación que tengo de ser pobre como lo fue Jesucristo".  A quienes le decían que había que pensar en el futuro les respondía con aquellas palabras de Jesús: "Mi Padre celestial que alimenta a las avecillas del campo, nos sabrá alimentar también a nosotros

 

Aconteceres admirables de la santa Clara de Asís

Mortificación de su cuerpo

 

Si hay algo que sobresale en la vida de Santa Clara es su gran mortificación. Utilizaba debajo de su túnica, como prenda íntima, un áspero trozo de cuero de cerdo o de caballo. Su lecho era una cama compuesta de sarmientos cubiertos con paja, la que se vio obligada a cambiar por obediencia a Francisco, debido a su enfermedad.

 

 

Los ayunos

 

Siempre vivió una vida austera y comía tan poco que sorprendía hasta a sus propias hermanas. No se explicaban como podía sostener su cuerpo. Durante el tiempo de cuaresma, pasaba días sin probar bocado y los demás días los pasaba a pan y agua. Era exigente con ella misma y todo lo hacía llena de amor, regocijo y de una entrega total al amor que la consumía interiormente y su gran anhelo de vivir, servir y desear solamente a su amado Jesús.

 

Por su gran severidad en los ayunos, sus hermanas, preocupadas por su salud, informaron a San Francisco quien intervino con el Obispo ordenándole a comer, cuando menos diariamente, un pedazo de pan que no fuese menos de una onza y media.

 

 

La vida de Oración

 

Para Santa Clara la oración era la alegría, la vida; la fuente y manantial de todas las gracias, tanto para ella como para el mundo entero. La oración es el fin en la vida Religiosa y su profesión.

 

Ella acostumbraba pasar varias horas de la noche en oración para abrir su corazón al Señor y recoger en su silencio las palabras de amor del Señor. Muchas veces, en su tiempo de oración, se le podía encontrar cubierta de lágrimas al sentir el gran gozo de la adoración y de la presencia del Señor en la Eucaristía, o quizás movida por un gran dolor por los pecados, olvidos y por las ingratitudes propias y de los hombres.

 

Se postraba rostro en tierra ante el Señor y, al meditar la pasión las lágrimas brotaban de lo más íntimo de su corazón. Muchas veces el silencio y soledad de su oración se vieron invadidos de grandes perturbaciones del demonio. Pero sus hermanas dan testimonio de que, cuando Clara salía del oratorio, su semblante irradiaba felicidad y sus palabras eran tan ardientes que movían y despertaban en ellas ese ardiente celo y encendido amor por el Señor.

 

Hizo fuertes sacrificios los cuarenta y dos años de su vida consagrada. Cuando le preguntaban si no se excedía, ella contestaba: Estos excesos son necesarios para la redención, "Sin el derramamiento de la Sangre de Jesús en la Cruz no habría Salvación". Ella añadía: "Hay unos que no rezan ni se sacrifican; hay muchos que sólo viven para la idolatría de los sentidos. Ha de haber compensación. Alguien debe rezar y sacrificarse por los que no lo hacen. Si no se estableciera ese equilibrio espiritual la tierra sería destrozada por el maligno". Santa Clara aportó de una manera generosa a este equilibrio.

 

 

Milagros de Santa Clara

 

La Eucaristía ante los sarracenos:   En 1241 los sarracenos atacaron la ciudad de Asís. Cuando se acercaban a atacar el convento que está en la falda de la loma, en el exterior de las murallas de Asís, las monjas se fueron a rezar muy asustadas y Santa Clara que era extraordinariamente devota al Santísimo Sacramento, tomó en sus manos la custodia con la hostia consagrada y se les enfrentó a los atacantes. Ellos experimentaron en ese momento tan terrible oleada de terror que huyeron despavoridos.

 

En otra ocasión los enemigos atacaban a la ciudad de Asís y querían destruirla. Santa Clara y sus monjas oraron con fe ante el Santísimo Sacramento y los atacantes se retiraron sin saber por qué.

 

 

El milagro de la multiplicación de los panes

 

Cuando solo tenían un pan para que comieran cincuenta hermanas, Santa Clara lo bendijo y, rezando todas un Padre Nuestro, partió el pan y envió la mitad a los hermanos menores y la otra mitad se la repartió a las hermanas. Aquel pan se multiplicó, dando a basto para que todas comieran. Santa Clara dijo: "Aquel que multiplica el pan en la Eucaristía, el gran misterio de fe, ¿acaso le faltará poder para abastecer de pan a sus esposas pobres?"

 

En una de las visitas del Papa al Convento, dándose las doce del día, Santa Clara invita a comer al Santo Padre pero el Papa no accedió. Entonces ella le pide que por favor bendiga los panes para que queden de recuerdo, pero el Papa respondió: "quiero que seas tu la que bendigas estos panes". Santa Clara le dice que sería como un irespeto muy grande de su parte hacer eso delante del Vicario de Cristo. El Papa, entonces, le ordena bajo el voto de obediencia que haga la señal de la Cruz. Ella bendijo los panes haciéndole la señal de la Cruz y al instante quedó la Cruz impresa sobre todos los panes.

 

 

Larga agonía

 

Santa Clara estuvo enferma 27 años en el convento de San Damiano, soportando todos los sufrimientos de su enfermedad con paciencia heroica. En su lecho bordaba, hacía costuras y oraba sin cesar. El Sumo Pontífice la visitó dos veces y exclamó "Ojalá yo tuviera tan poquita necesidad de ser perdonado como la que tiene esta santa monjita".

 

Cardenales y obispos iban a visitarla y a pedirle sus consejos.

 

San Francisco ya había muerto pero tres de los discípulos preferidos del santo, Fray Junípero, Fray Angel y Fray León, le leyeron a Clara la Pasión de Jesús mientras ella agonizaba. La santa repetía: "Desde que me dediqué a pensar y meditar en la Pasión y Muerte de Nuestro Señor Jesucristo, ya los dolores y sufrimientos no me desaniman sino que me consuelan".

 

El 10 de agosto del año 1253 a los 60 años de edad y 41 años de ser religiosa, y dos días después de que su regla sea aprobada por el Papa, se fue al cielo a recibir su premio. En sus manos, estaba la regla bendita, por la que ella dio su vida.

 

Cuando el Señor ve que el mundo está tomando rumbos equivocados o completamente opuestos al Evangelio, levanta mujeres y hombres para que contrarresten y aplaquen los grandes males con grandes bienes.

 

Podemos ver claramente en la Orden Franciscana, en su carisma, que cuando el mundo estaba siendo arrastrado por la opulencia, por la riqueza, las injusticias sociales etc., suscita en dos jóvenes de las mejores familias el amor valiente para abrazar el espíritu de pobreza, como para demostrar de una manera radical el verdadero camino a seguir que al mismo tiempo deja al descubierto la obra de Satanás, aplastándole la cabeza.  Ellos se convirtieron en signo de contradicción para el mundo y a la vez, fuente donde el Señor derrama su gracia para que otros reciban de ella.

 

El Señor en su gran sabiduría y siendo el buen Pastor que siempre cuida de su pueblo y de su salvación, nunca nos abandona y manda profetas que con sus palabras y sus vidas nos recuerdan la verdad y nos muestran el camino de regreso a El. Los santos nos revelan nuestros caminos torcidos y nos enseñan como rectificarlos.

 

Tras los pasos de Santa Clara en Asís

 

En la Basílica de Sta. Clara encontramos su cuerpo incorrupto y muchas de sus reliquias. En el convento de San Damiano, se recorren los pasillos que ella recorrió. Se entra al cuarto donde ella pasó muchos años de su vida acostada, se observa la ventana por donde veía a sus hijas. También se conservan el oratorio, la capilla, y la ventana por donde expulsó a los sarracenos con el poder de la Eucaristía.

 

Hoy las religiosas Clarisas son aproximadamente 18.000 en 1.248 conventos en el mundo. Durante cuarenta años, Clara fue la superiora del convento de san Damián. Su vida fue de gran austeridad, rica en obras de caridad y de piedad.  Su historia cuenta que con sus oraciones persistentes y exposición de la sagrada Eucaristía pudo alejar a los "sarracenos" que acediaban a Asis.  Murió el 11 de agosto de 1253 y fue canonizada el 15 de agosto de 1255.  Sus restos descansan en la cripta del templo dedicado a ella en Asís. Su fiesta se celebra el 11 de agosto

 

Tradicionalmente se representa  a Santa Clara de Asís con una custodia en sus manos que recuerda  el hecho de haber vencido, con la sagrada Eucaristía, a los  "sarracenos" que acediaban a Asís.

 

Otro detalle es que aparece representada, ya sea como joven o como anciana, con el hábito propio de las monjas franciscanas (Clarisas): un sayal marrón y un velo negro, sujeto con el tradicional cordón de tres nudos. También se ha representado con un báculo en sus manos, que recuerda el hecho de haber sido abadesa mitrada.  Los pintores de Siena y Umbría la dibujaron con un tallo de lirio, flor que representa la pureza y la virginidad.